Árboles frutales, plagas y falta de agua, el paso del cambio climático por el Ilimani{

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Desastres naturales

Resp: Pagina siete   Viernes, 14 de mayo de 2021

Página Siete/ESPAÑOL :: LA PAZ / NEVADO / ILLIMANI / DESHIELO / AFECTACION / RIEGO / CULTIVOS / FAMILIAS

La migración y enfrentamientos entre los productores por el derecho al riego son una constante entre las comunidades que viven en las faldas del nevado. Sus tierras que le daban papa ahora les dan frutas.

En las faldas del Illimani, que es el segundo nevado más importante de Bolivia por su altitud, los agricultores afirman que debido al cambio climático ya nada es como era antes: el agua para riego escasea y se raciona por comunidades, provocando peleas. Mientras los cultivos de frutas reemplazan a los de papas por el aumento de las temperaturas, también han aparecido plagas y los campesinos se han visto obligados a usar pesticidas, lo que antes no hacían.

Una visita de France 24 a la comunidad de Khapi, situada a los pies del nevado y a 60 kilómetros de La Paz, constató los cambios que viven los campesinos aymaras en el lugar por las elevadas temperaturas que afectan a la emblemática montaña paceña de la Cordillera de los Andes, y cuyo pico más elevado está a una altitud de 6.460 metros sobre el nivel del mar.

El glaciar del nevado había perdido más del 21,3 % de su superficie y 22 metros de espesor en el período de 1963-2009, según un estudio científico publicado en 2011. Si bien no hay investigaciones nuevas sobre ese retroceso, expertos consideran que la deglaciación ha aumentado, una percepción compartida por las comunidades que viven en el lugar.

Así, a la comunidad de Khapi y de localidades aledañas, como Pinaya, Challarsirca, Cebollullo, Tahuapalca y La Granja, entre otras que viven de la microcuenca de Sajhuaya del Illimani, no les queda más alternativa que adaptarse a las nuevas condiciones climáticas.

En La Paz, la montaña, una mole de ocho kilómetros de longitud y tres picos por encima de 6.000 metros, es considerada un guardián de “La Hoyada”, apodo de la ciudad al estar en un cráter.

Uno de los campesinos que transformó su agricultura es Gervasio Mamani Condori, de 74 años, que ha pasa do del cultivo tradicional de papas al de manzanas y duraznos, que antes sólo eran posibles en un valle cercano, pero que ahora cultiva a los pies del Illimani, en tal cantidad que el productor es un proveedor habitual en el mercado Rodríguez, uno de los más concurridos de La Paz, donde las manzanas de Khapi han ganado gran reputación y demanda porque son bañadas con aguas glaciares.

“Antes no se producían manzanas y duraznos aquí, sólo en el camino hacia abajo. Ahora ya está produciendo lindas manzanas”, dijo Gervasio, orgulloso de su producción, pero cuyas parcelas no rinden al máximo porque se riegan sólo dos veces a la semana con aguas del deshielo debido al racionamiento aplicado por las comunidades bajo amenaza de multas equivalentes a 70 dólares por infracción.

Desde el lugar puede apreciarse el punto del macizo denominado Nido del Cóndor con una fuerte luminosidad que cae sobre la humilde vivienda del agricultor, en cuyo patio se deshidratan manzanas y duraznos cortados en rodajas, que venderá luego para hacer refrescos.

Para regar sus plantaciones, los campesinos desvían un curso de agua que baja desde el Illimani, pero a algunos ya no les llega el flujo y se han visto obligados a trabajar durante la noche para recibir algo cuando los otros agricultores duermen. Según cuenta Gervasio, en las comunidades se considera un robo desviar el agua cuando a uno no le toca el turno.

La falta de agua y el calentamiento también impactó en la familia de Gervasio ya que sus seis hijos, tres varones y tres mujeres, migraron a la sede del Gobierno boliviano.

“Se han ido a La Paz, forzosamente, porque hemos luchado por agua y no hay mejores sembradíos, ni con qué. La mitad de esta comunidad está en La Paz”, sostuvo Gervasio sobre Khapi, con una población que ronda por los dos centenares y está dispersa en las zonas de cultivo.

La población de Khapi y de las comunidades aledañas está consciente de los problemas que conlleva el cambio climático y la baja productividad de las tierras y muchos han migrado a La Paz, pero también fuera de Bolivia, como Wilder Lazo, que trabajó durante seis años como costurero en los talleres de San Pablo, en Brasil, pero ha vuelto para sembrar papa cerca del nevado.

El agricultor recuerda que de niño había suficiente agua para las comunidades, pero ha disminuido provocando disputas entre ellas. “El agua fluía, no había tanto problema y todos convivíamos en tranquilidad. Hoy en día, como hay calentamiento y el Illimani se va deshielando, el agua va bajando poco a poco y las comunidades de abajo ya no tienen agua”, dijo.

Los campesinos de Khapi pueden regar sus sembradíos sólo los días viernes y sábado, y el control está a cargo del sindicato agrario; la tarea es difícil debido a la dispersión de los productores.

Además, según cuenta Wilder, los campesinos enfrentan la aparición de plagas propias de climas cálidos que están atacando los árboles frutales y, aunque no quieran, deben usar plaguicidas para curar las “enfermedades”.

Cerca del lugar, Adrián Chura, un joven que trabaja junto a sus padres en unas tierras con verduras, maíz y manzanas, dice que también les preocupa el rendimiento de la tierra porque debido a las plagas están usando “mucho químico” para combatirlas.

Chura es uno de los agricultores que no duerme para poder regar de noche sus tierras, ya que el agua casi no llega hasta su parcela si los otros campesinos hacen los desvíos aguas arriba.

“De noche ya no dormimos, de día un rato dormimos, pero también hay que trabajar. Así es nomás la vida del campo”, dice Adrián, que piensa migrar hacia La Paz, aunque no de momento porque le preocupan que sus padres vivan solos.

Adaptarse

La experta en recursos hídricos Paola Pacheco, de la ONG Agua Sustentable, que ha colaborado con proyectos para la gestión de ese recurso en Khapi, afirma que “Bolivia es uno de los países que sufre el impacto de los efectos del cambio climático” provocado por el problema global de la emisión de los gases de efecto invernadero desde las naciones industrializadas.

En ese contexto, según Pacheco, a las poblaciones como Khapi y otras de la cuenca del Sajhuaya “lo único que les queda hacer es adaptarse” para tratar de resolver sus problemas, entre ellos, como la falta de agua para riego y el aumento de plagas que afectan sus cultivos.

Entre las medidas de adaptación que plantean las comunidades destaca - agrega la experta - la necesidad de trabajar de forma articulada con el Gobierno, la academia, la comunidad y los campesinos individualmente para fortalecer instituciones, construir normativa, políticas y diseñar estrategias que hagan foco en los problemas causados por el cambio climático.

Por ejemplo, los campesinos necesitan ayuda para combatir las plagas y corregir el déficit de agua con proyectos de gestión, ya que sus costos de producción suben haciendo difícil que compitan incluso con productos importados en los mercados de La Paz. Unas políticas que claman los habitantes de Khapi, pero que de momento no tienen respuesta.

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